
“Eres esclavo de aquello que bautizas con tu nombre”
La religión es una actividad humana que suele abarcar creencias y prácticas sobre cuestiones de tipo existencial, moral y sobrenatural. Hay religiones que están organizadas de formas más o menos precisas, mientras que otras carecen de estructura formal; unas y otras pueden estar más o menos integradas en las tradiciones culturales de la sociedad o etnia en la que se practican. El término hace referencia tanto a las creencias y prácticas personales como a ritos y enseñanzas colectivas.
Partiendo de esta base cada uno decide en que religión creer, no creer, o simplemente mostrarse indiferente al hecho de tener fe. Pero sin hacer un ejercicio demasiado profundo, llegaremos a la conclusión que practicamos o creemos a nuestro “estilo”.
Me costaría mucho identificar creyentes que sigan a pies juntillas lo predicado por Jesús, Mahoma o Buda. En definitiva, no somos capaces de asumir, acatar o poner en práctica, todas las obligaciones para ser buenos fieles.
Sin embargo, y desde hace un tiempo, más allá del vivido por el que suscribe estas líneas, hay un movimiento (llamémoslo de momento así) del que somos fieles seguidores, es más, se adapta perfectamente a nuestra forma de vida, y cumplimos fielmente con su credo: EL CONSUMISMO.
Habrá muchos que se estarán echando las manos a la cabeza y tildándome de hereje. Antes de llamar a Torquemada y entregarme a la custodia del Santo oficio, o de lapidarme públicamente en una plaza de Yemen, permitidme unas pocas líneas y podréis hacer uso de vuestro derecho a juzgarme.
Que es el consumismo: tendencia de adquirir servicios y productos de manera acumulativa, y que sobrepasan las necesidades de los individuos.
En el siglo XVI, la Compañía de Jesús, patrocinados por el Reino de Portugal, era la encargada de difundir la palabra de Dios en Japón. A diferencia de anteriores descubrimientos, la convivencia con el pueblo Nipón era cívica, es más, los Jesuitas se adaptaron a las costumbres de los japoneses y no a la inversa. ¿Que provocó la armonía y amabilidad en esta cohabitación?: El comercio.
En la actualidad; la “iglesia” encargada de enseñarnos el “camino” al Paraíso, Yanna, Nirvana o Tushita, es la publicidad. Y a la inversa que con otros “movimientos” y/o creencias, con el consumismo seguimos fielmente su dogma, no nos cuestionamos ni una coma de sus “escrituras”.
Creemos en su único mandamiento: el gasto que antes considerábamos un lujo ahora es necesario. Dentro de nuestro grupo social debemos, o tenemos, que encajar, no me voy a sentir rechazado, voy a ser acogido con el resto de feligreses.
Somos buenos creyentes, y como tal lo demostramos, sin racionalizar nuestros actos, nos movemos solo en un plano emocional, de impulsos y deseos. Primero compro, y luego decido que comprar. Fascinados por nuestra apariencia, la belleza al cuerpo, el estatus. Vivir es poseer.
Deben estar contentos con nosotros, cumplimos a rajatabla con su enseñanza. Y si toca realizar una aportación extra, ahí estamos para contribuir, no vaya a ser que se nos excomulgue.
Sin entrar en cuestiones éticas como el daño ecológico o económico que este “movimiento” produce, centremos en situaciones diarias.
Yo, consumidor de “comida basura”, me encanta ir a McDonald’s, KFC, etc, pero desafortunadamente he cogido algo de peso, mi analítica no es del todo optima, y deseo minimizar los efectos de ingerir esa comida (aunque seguiré consumiéndola, esta buenísima). Solución, me compro unas zapatillas “Nike Air 5.0”, el ultimo chándal retro “Adidas”, camiseta Under Armour, y para no dejar ningún cabo suelto, me busco el mejor gimnasio de la zona. Da igual que vaya solo el primer día al gimnasio, y las zapatillas, chándal o camiseta terminen en el armario o se las “ceda” a otro devoto. El propósito esta concluido; primeramente, hemos consumido la comida que nos ha hecho engordar o estar débiles saludablemente, y para redimirnos, solicitamos auxilio a nuestra verdadera religión, volviendo a consumir, retroalimentándola.
No estamos obligados a pertenecer a ninguna clase elitista, es más, la clase media, el “pueblo llano”, nadamos a gusto en estas aguas. La clase dirigente no siente la necesidad de consumir más allá de sus necesidades, con sus excedentes invertirán, pero nosotros sí, para formar parte de ese grupo cumplimos el mandamiento único, gastar.
Para disfrutar de la “salvación” no tenemos que esperar a que baje el dedo el Cesar, no, la podemos obtener día a día, en cualquier momento. Y si nos sentimos frustrados por alguna situación, recurrimos nuevamente a ella, y el perdón es inmediato. ¿Qué religión nos puede ofrecer esto?
En definitiva. Aunque pueda parecerlo, esto no es una crítica a la religión (ahora si uso este término) consumista, es un hecho objetivo, inequívoco. Vivimos en una economía capitalista, nos guste o no, vayamos de anticapitalistas y nos creamos inmaculados e incorruptibles ante sus efectos.
PATER – vengo a confesarme, he pecado, me es imposible cumplir todas las normas de las religiones tradicionales. En cambio, sí soy un ferviente seguidor, un auténtico creyente de la religión verdadera, el consumismo.
A ti, que no te lo consideras, ¡ENHORABUENA!, llegara el día que estés sentado a la derecha del Todopoderoso, o descansando plácidamente con tu alma bienaventurada en un harén rodeado de 72 vírgenes, o bien, alcanzaras el Nirvana liberándote de todo el sufrimiento terrenal.

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