El Parquímetro

Según Tomas Marshall: Ciudadano es aquel individuo que cuenta con un estatus legal, identidad política y participa activamente en la vida de la comunidad; a la vez se compone de tres elementos; cívico, político y social.

 Entendiendo que todos formamos parte, o, mejor dicho, debemos formar parte de esa comunidad y seguir unas normas para conseguir una convivencia civilizada. Voy a exponeros mi punto de vista de porque entiendo que el derecho a esa participación, y, sobre todo, a contar con una identidad propia está viciado.

 Según la RAE, civismo es tener un comportamiento respetuoso con las normas de convivencia. Fácil, sencillo; pero esto no faculta al que dicta esas normas a prohibir el cuestionamiento de estas, ni mucho menos decidir que unos deban cumplirlas y otros estén exentos.

 Estas normas están regladas por leyes, leyes, supuestamente, que emanan del pueblo, de esa identidad política y social. Esas leyes reglan una orden o una prohibición para el supuesto bien de la comunidad.

No vamos a negar estas definiciones, simplemente vamos a practicar un ejercicio de escepticismo y luego cada uno que decida. Tenemos tanto que desaprender.

Vivimos en una sociedad donde nos han enseñado el camino correcto, donde se ha instalado hace ya tiempo un método el cual no debemos dudar de su fiabilidad. ¡Por favor, como vamos a cuestionárnoslo!: nos indican en qué calle estacionar, en qué lado de la acera podemos aparcar, a que horas y días nos dejan transitar por ellas, y al final de la calle espera el parquímetro para que abonemos por este privilegio. Vigilan que contribuyas por los servicios prestados. Se han hecho hueco al fondo.

Desde hace un tiempo me he negado a estar informado por los canales habituales, pero eso no quita para que alguien te lo comente, o pases por delante de alguna televisión y te enteres de alguna noticia. En el día he conocido el regreso a España del fugado Puigdemont. Luego hare un comentario al respecto.

Empezaré hablando de cómo podemos mostrar nuestras quejas, opiniones o disconformidad con las reglas del juego. Mejor dicho, las únicas maneras que nos ofrecen.

La primera; exponiéndoselo directamente a ellos, los controladores del parquímetro. Según entra esa queja/sugerencia en su sistema, la cavidad bucal inicia la primera de sus funciones, la trituración.

La segunda; podríamos ampararnos en la ayuda de medios de comunicación.

Estos medios están controlados por corporaciones financiadas por los controladores del parquímetro. Cualquier tipo de información que leamos, oigamos o veamos tiene una claro y simple fin, el merchandising. Una cosa es tener una línea editorial en la cual un ciudadano se pueda mover más o menos cómodo dentro de su espacio ideológico, y otra es que esa supuesta línea editorial este teledirigida por ese poder factico que la financia.

 Es un ejercicio muy sencillo, parémonos a observar cómo se maneja una misma noticia en varios medios; terminas pensando que no están hablando de lo mismo y que el error ha sido tuyo a la hora de buscar esa información.  Conclusión, segunda vía de acceso cerrada. Pérdida de tiempo y frustración.

Tercera vía y última vía; está no las ofrecieron nuestros hermanos griegos: ejercer tu derecho democrático a voto. Tranquilo, la carcajada se nos ha soltado a los dos.

Como lo que he escrito va dirigido a personas que no van a utilizar su sistema bucal para molerlo, activo mi carácter disidente y me cuestiono: las mismas corporaciones que antes comentaba que controlan los medios de comunicación ¿controlan esos partidos políticos donde podemos cobijarnos?, ¿es al revés, se retroalimentan? Lo siento, no puedo daros una respuesta al respecto, pero es evidente la fiabilidad que me ofrece esta vía.

Paradójicamente se produce un efecto rebote. Lo que en las leyes señalan como derecho a votar, nosotros lo asumimos como obligación, si no vas a votar no tienes derecho a discutir el funcionamiento. Curioso, por llamarlo de alguna manera.

Las incumplirán de dos maneras: una, blanqueando su comportamiento, de manera amable. No sobrepasan la línea legal, pero con una bajeza moral tremenda, lo políticamente correcto viene a ser lo mismo de falta de ética, valor que como individuos de esa sociedad civilizada les debemos exigir.

La segunda de las maneras con la que conducen su sistema es ya sin tapujos, sin miramientos, sin careta, a pecho descubierto, aquí ya no interviene la ética. No te están mintiendo, ni se están escondiendo, lo están haciendo en tu cara. En este sentido no podemos reprocharles nada, tenemos lo que nos merecemos. Dilapidan los cimientos de un estado de derecho, pero repito, lo hacen en tu cara. La separación de los poderes políticos no existe. No lo han disimulado, vamos a felicitarles por este gesto de honestidad.

El poder judicial forma parte del poder ejecutivo, el poder ejecutivo controla el legislativo, el legislativo, a su vez, al judicial, y así podemos continuar con las combinaciones.

Si un juez no es del agrado del poder ejecutivo se ordena al poder legislativo la modificación del órgano judicial. Esto no se está cocinando en las cloacas, podemos consultarlo en el BOE.

 Si el poder ejecutivo, por error, llega el caso que se debe enfrentar a la autoridad judicial, el poder legislativo ya estuvo hábil en su día para prever este problemilla. Se articuló una ley de aforamiento y asunto resuelto. Todo queda en casa, por supuesto en la suya.

Se benefician todos; a la cabeza nuestro insigne emérito. Dando ejemplo.

Antes mencione el caso Puigdemont. El Fugado ha cometido delitos como para que cuando salga de la cárcel el iPhone 5 sea un artículo de coleccionistas. Pero este señor es necesario para que al actual gobierno no le muevan de la poltrona. Evidentemente se hace todo lo que se pueda, y si es necesario más.

Nuevamente la maquinaria en marcha, Ley de amnistía. No te hagas ilusiones si tienes alguna deuda pendiente con la justica, amnistía solo para ellos. Tu sigue en alerta si se te ocurre trasgredir alguna ley. Eres un delincuente y como tal debes pagar. Pagar, eso es. Pagar y pagar y pagar.

Pagar debes Ciudadano; toca contribuir al sistema, a su sistema, pero de una manera amable progresiva y equitativa. Faltaría más. Con solidaridad, con el fin de sostener ese bienestar que tan modestamente han ido construyendo para nosotros.

Y, asombrosamente, nos damos de bruces con una situación propia de una película de los Hermanos Marx: Los parlamentarios, senadores, diputados etc., en general todos esos garantes de nuestros derechos, dada su gran implicación y su esfuerzo han decidido que están exentos de tributar por sus dietas y asignaciones. Que le vamos a hacer, se lo han ganado, y si piensas lo contrario no eres leal al sistema.

Ciudadano, no se le ocurra dejar sin pagar su Declaración de la Renta. Tú, autónomo, eres un defraudador. Como se te ocurre deducirte una factura de gasolina. Si pretendes eso debes darnos datos con pelos y señales, en que gasolinera repostaste, a que hora, cuantos litros, a donde se dirigía ese noviembre de 2020, aparte del nombre de la suegra del operario de la estación que te cobro el servicio. Ah, ¿Qué no estás de acuerdo? puedes recurrir a nuestra justicia, pero antes pasa por caja, no sea que te escapes del país. Así evitamos que pidas asilo político en Bélgica, y por si no lo sabias, tu vales menos que nosotros, para ti no se hizo la Ley de amnistía.

Una cosa no quita la otra, y perdón por la expresión, lo tienen montando de cojones. Y es aquí donde hemos caído como moscas en su telaraña.

Si se te ocurre titubear se te tilda de antisistema, de enemigo del estado; se te etiqueta, y se te acorrala socialmente, negándote tu derecho a opinar. Roma no paga traidores.

Asumo que desde hace unas líneas se me habrán colgado todas las etiquetas antes mencionadas, aunque mi condición de buen contribuyente no piense lo mismo.

Por mucho que la gente se encienda con el tema Puigdemont (podríamos escribir una enciclopedia con similares) que lo entiendo, esta no es la primera y por desgracia no será la última. Nos han ido inculcando que Así nos has ido bien, o, mejor dicho, así no he tenido problemas, más vale bueno conocido que malo por conocer.

Con esto han conseguido alienarnos, gota a gota nos han ido acorralando, pero claro no podían dejarnos famélicos, nos han ido dando sorbitos de agua, alguna migaja. No nos podemos permitir el lujo de que el ratón deje de mover la rueda.

Desprovistos de cualquier valor; dignidad, honestidad, humildad…nos han anulado moralmente. Pero esto no es nuevo, esa manera correcta de seguir el camino ya viene de años, de generaciones, algunos incluso hemos nacido con ese chip de fábrica.  Hago lo que tengo que hacer sin rechistar.

Estudia una carrera, busca un trabajo, forma una familia, cómprate un coche y si te sobra, un piso en Matalascañas. Solo nos importa el colectivo, el individuo es lo de menos. Tu bienestar ya está escrito desde la primera página. Y por supuesto, debes financiarlo, el tuyo y el nuestro. Como esclavos, programados solo para producir.

Está claro que las sociedades avanzan por los hombres que están dispuestos a crecer. ¿Pero es necesario un sobrecoste humano?

Fórmate bien, sino te van a pisar. Llegaras a una posición importante, pero cuando la logras ya no te parece suficiente, deseas más. Lo que pensé que me satisfaría se ha convertido en insuficiente, y me vuelvo a apretar, y a apretar. Necesito más, mi Mercedes no es igual que el de mi vecino, necesito el suyo. No, uno mejor. Me voy a marcar ese objetivo, esa exigencia, tengo que perfeccionarme, si cabe, más allá de lo necesario.

Ya tienes tu Mercedes nuevo, pero en cuestión de poco, se activa nuevamente el bucle. Algunos lo llamaran aspirar, ¿realmente eso me convierte en persona?

¿Y cuando no logremos esos objetivos? ¿Qué hacemos con la frustración, el fracaso, la culpa, la rabia?, ¿Dónde reclamamos? Al maestro armero.

Por el camino hemos tenido que realizar el ingreso en el parquímetro, faltaría más, sino ni nos dejan movernos. Pero no somos conscientes de lo que verdaderamente hemos perdido, lo que no regresa nunca. Exacto, nuestro tiempo.

Esas son nuestras metas. Desarrollarnos como colectivo, no como personas. Crear superhombres. Seres mejor preparados a todos los aspectos, no importa el sufrimiento causado. No hace falta recordar quien intento lo mismo hace casi un siglo. El Doctor Frankenstein ya tiene un nuevo experimento en marcha y espera nuevos modelos.

No nos valoramos nada, no gastamos ni un minuto a cuidarnos. Solo importa la fachada.

¿Que nos queda? O, mejor dicho, ¿A dónde nos ha llevado todo este aprendizaje?: A PLEGARNOS a su hipocresía, a la doble moral. Las elites que montan el sistema son las mismas que posteriormente verifican su cumplimiento. Mientras que nos vamos consumiendo ellos siguen disfrutando de su confort. La verificación de que el parquímetro funcione de manera correcta es únicamente unidireccional. ¡Ellos no se someten a esas normas, reglas, leyes, que, premeditadamente dictan!

Lo peor de todo es que los culpables somos nosotros. Nos hemos arrodillado. Hemos aceptado el dictado de cual el estilo de vida correcto, cuales son nuestros valores, en que debemos gastarnos el dinero, en que consiste nuestro bienestar, incluso como debemos pensar. Llenándonos de creencias y prejuicios, que como antes señale, vienen de generaciones. Si te sales del sistema, asumirás sus consecuencias, y desgraciadamente, nadie acude en tu ayuda. Ellos solo ejercen el papel de controladores y cobradores. Se escudan en su paz aparentemente cordial.

 La quema y la contemplación.

Desde mi libertad voy a ser escéptico:

Me acercaré al parquímetro, cogeré la moneda, y decidiré si hacerle un agujero y atarla a una cuerda. Ventajas de ser un antisistema.

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