Donde Luis. Donde siempre.

“La mentira más común es aquella con la que un hombre se engaña a sí mismo” Friedrich Nietzsche

Los hechos que a continuación comparto tienen como fuente un amigo del cuñado de mi primo; es decir, a mí me lo han contado.

The Man Who Sold the World irrumpe en mi quehacer laboral. Quehacer normal para el resto de la sociedad, pero de reciente reincorporación a mi lista. Una lista que solo contenía una tarea.

El culpable de que se active la melodía de mi móvil no es Nirvana, sino el Sebas, amigo desde la infancia, otro experto en todo lo que es complicado. Otro hijo de la generación del asfalto y la litrona. Término, este, acuñado por cierto profesor en nuestra etapa adolescente. Me hubiera encantado cerrarle la boca, desgraciadamente no fue así. El Sebas y yo tras una etapa algo más alejados por motivos familiares hemos vuelto a recuperar el contacto hace relativamente poco. Es extraño que me llame a estas horas, – algo quiere este tío.

Con una voz gutural, como si el Homo Erectus resurgiera de su caverna, me saluda, – Que pasa tronco, ¿te pillo liado?

-Que pasa tío, pues me pillas currando. Hay poco jaleo, pero tengo que tener abierto el chiringuito. ¿todo bien, te noto la voz rara?

Por su pausa entiendo que se acaba de levantar y no en condiciones demasiado católicas. – Bueno tío, tirando, de eso quería hablarte. ¿La voz? nada, no te preocupes, ayer se complicó un poco la noche, tú ya sabes. ¿nos echamos un café donde siempre?

-Venga, pero cinco minutos, que luego tengo un par de historias.

Y allí me dispongo a ir, Donde Luis, al menos eso reza en el cartel, patrocinado, como no, por cierta empresa de cervezas de cuyo nombre no quiero acordarme.

Donde Luis; de manera arraigada Donde siempre.

Como siempre sigue el canon de desorden que gobierna en la mayoría de estos antros. Chapas de botellines por el suelo, papelera hasta arriba de servilletas, vasos y tazas acumulados en la barra. Por cortesía de la Mari la vitrina de las tapas: croquetas, boquerones, patatas con alioli, etc. Grifo de cerveza de la marca de la estrella que no quiero nombrar. Detrás de Luis, todo tipo de destilados, desde el Brandy del Toro para la vieja guardia, hasta esa ginebra rosa para las niñas cool. El hilo musical deja volar la imaginación, desde Radio Ole a Cadena Dial. En la televisión, hasta que no regresen sus señorías de sus modestas vacaciones y den un poco de juego, lo habitual en estas fechas, un corte de digestión en la playa de Torremolinos, un golpe de calor a un anciano en Antequera por salir a pasear a las 4 de la tarde, todo muy instructivo. Y como remate del Art Deco que impera, un grupo de parroquianos tercio en mano, probablemente poniendo en el tapate la manera más rápida y sencilla de arreglar el país. Todo el mundo habla pero nadie se conoce.

– Este garito no ha visto un lavado de cara desde que se decidieron a eliminar el serrín como artículo de limpieza.

-Hostias niño, no me jodas, ¿eres tú? No veas si has cambiado, estas más delgado, pero eso sí, cada día más calvo.

Los protocolos de bienvenida aquí no existen. Quedan reservados para el café lounge que nos venden los nuevos filósofos desde ese pulpito llamado Instagram. – Que pasa Luis, si claro soy yo, joder. ¿Qué tal todo?, veo que las cosas siguen como siempre.

Como siempre tampoco. A Luis y a su mujer, los dueños del establecimiento, los veo más envejecidos. O puede ser la extrañeza que siento en una situación, antaño, desgraciadamente habitual.

Luis ejerce como mesonero de todos esos peregrinos que necesitan saciar el polvo del camino. La Mari es la encargada de preparar unas cuantas viandas para poder degustar sus caldos. Lo que viene siendo, el tirando de abridor, y ella vertiendo cinco litros de aceite de girasol en la freidora.    

-Joder, vaya cambio. Ahora me cuentas, he oído algo de ti, pero no sabia si creérmelo. Espera, atiendo a estos caballeros y estoy contigo.

Mientras departe con el grupo de jubiletas me encamino a mi silla habitual. Es curioso el tema de las sillas. Las hay en las que tiras tu vida por el sumidero, y otras en las que empiezas a cuestionarte porque esa necesidad en accionar, una y otra vez, el tirador de la cisterna.

La charla toca a su fin. Los miembros del G8 han dictaminado que la deuda galopante que nos asfixia se arregla mediante liquido inflamable y mechero. Me siento mas tranquilo. Toca cuestionarse si su conclusión se aleja mucho de las tomadas en la Carrera de San Jerónimo. La diferencia, el grupo de abuelos no tienen como misión joder al prójimo.

-Joder, Luis, a ver si tuneas esto, tío. No has leído que Carabanchel es el nuevo downtown de la capital. La decoración retro ya la tienes, solo le falta un par de sillones de esos de tu pueblo y una estantería con libros, bohemio total. Por supuesto, cambiar la música, un poquito de The Killers, Strokes, Viva Suecia, Vetusta Morla. Pones una carta llena de batidos y zumos, en inglés para que ni Dios lo entienda, y los vendes a cinco pavos. Tengo yo una conocida con un grupo de SKA que podría amenizar las noches. Se te llena de hípsters. El Café Gijón del siglo XXI.  Hazme caso.

Sentimiento de enfado, cercano a la rabia y a la furia, asomando por el cuello de la camisa del tabernero.         

– ¿Doun que?, ¿Vetusta qué? ¿hípsters? ¿Esos que no se afeitan en cuatro días y llevan calcetines cortos en invierno y largos en verano? Mira chaval, si has venido a tocarme la moral te puedes ir por donde has venido. ¿Qué te pongo?, tengo el grifo estropeado, llevo esperando a estos cabrones de la cerveza tres semanas y solo me dan largas, y con el calor que hace el personal se termina mosqueando.

Dudo entre si pedirme un descafeinado o un zumo. Me decanto por este último, que le eche un par de hielos. -Ponme un zumo.

Luis sale de la barra y se dirige al almacén- ¡Marchando! Tengo unos cuantos botijos que he metido en la cámara para darles un tiento.

Esta la veía venir, no me pilla en fuera de juego. – Luis, tío, quiero un zumo, no una cerveza. Un zumo.

Desconcierto, así es como recibe Luis mi petición. – A ver niño, cuando me dijiste zumo entendí de cebada. En mi vida te he visto tomarte otra cosa, de ahí que fuera a por lo de siempre. ¿no estarás jodido con el COVID o alguna mierda de esas?

-Mierdas de esas es lo que ya no bebo. Estoy de puta madre, no he estado mejor en mi vida. Llevo un año sin consumir.

Retrocede su camino y se sienta en un taburete pegado al mío. Como si quisiera desvelarme algún secreto de Estado me susurra. -Al final los rumores van a ser ciertos. Algo había oído, pero no pensé que te lo hubieras tomado tan en serio. Imagino que habrás pasado una mala racha o un problemilla sin importancia.

-Mira Luis, podemos hablar tranquilos de este asunto, pero con una condición, si tratamos este tema debe ser desde la total honestidad, sin engaños por ambas partes.

Le hago un resumen de mis últimos meses. Como fue mi caída a los infiernos y en el punto que me encuentro de mi recuperación.

Luis baja la vista y observa, no sé si al suelo o a las hordas de palillos que lo pueblan. Creo que el primer impacto irracional de perplejidad está remitiendo.  – Vale, vale, no te pongas tan serio. Ahora que lo pienso, esto se veía venir.

-Luis, mírame a los ojos. Si, esto se veía venir. Pero el único que no observaba la realidad era yo. Ahora visto con el tiempo y otra perspectiva, té diré que en estos temas no hay ni malas rachas ni problemillas. Toda causa tiene su efecto; las casualidades no existen.

-Ya tío, pero no me dirás que últimamente llevabas una vida personal muy convulsa. Antes no consumías tanto ni de coña, últimamente, macho, era a diario y no había día que no acabaras hecho un trapo.

Me paro un minuto, no a reflexionar, porque este es un tema que yo tengo clarísimo, sino a pensar cómo explicárselo de la manera mas sencilla sin bombardearle con mucha información.

-Mira Luis, lo que dices es un hecho objetivo, sin discusión. Pero tratar mi adicción a las drogas desde ese punto sería quedarnos solo en la punta del iceberg.

-Vale, ahora me lo explicas mejor porque no termino de pillarte. Mejor salimos a la terraza y me fumo un piti. Espera que te traigo tu zumo, con el puñetazo que me acabas de dar se me había ido la olla.

Puñetazo, buen símil ha elegido el autónomo. Mientras espero que vuelva con mi manjar de naranja con su pulpa correspondiente, echo la vista atrás y recuerdo lo que en su día me dijo un sabio disfrazado de terapeuta: La adicción es como meterse en un ring con Mike Tyson, nos lleva inflando a hostias toda la vida. Solo nos queda esperar a que con un simple dedo nos lance a la lona y vengan todas las unidades del SAMUR a recoger los pedazos. O, bajarnos del cuadrilátero y rearmarnos.

-Eh, despierta tío. ¿en qué coño andabas pensando? No te removerá mucho hablar de esto, a ver si por mi culpa te vas a ir jodido.

-Estaba pensando en Mike Tyson.

– ¿En serio que has dejado de soplar? – cuestiona Luis.

-Si coño, no te preocupes. Estaba recordando una cosa, pero vamos, que ahora no viene al caso. Por lo de removerme tampoco, hace tiempo que me deshice de esa mochila. Voy a contarte como siento yo todo esto. Acomódate.

-Luis, ¿hace cuanto que nos conocemos? ¿veinte años?

-Mas, mas. Antes de que mi viejo se jubilara ya veníais aquí a echar unos futbolines cuando os fumabais alguna clase en el colegio.

-Pues eso tronco. Ahí empieza mi camino. Yo empecé a consumir a una edad muy temprana, alrededor de los quince años. Los típicos consumos de adolescente de fin de semana. Aquí abrí la puerta a mi compañero de piso. Los primeros años, típicos; risas, bailes, las resacas no demasiado duras. En definitiva, me compensaba. Así seguí en mi etapa universitaria, a lo mejor no lo recuerdas porque en esa época no paraba tanto por aquí. Los consumos, evidentemente, aumentaron, tanto en la cantidad como en el tiempo. Las resacas ya no empezaban a ser como las de antes, pero aun así seguía mereciendo la pena. Me lo seguía pasando bien, yo seguía controlando, o desgraciadamente eso pensaba.

Le dejo reflexionar un momento- ¿hasta aquí alguna duda?

-Ninguna, nada que no sea lo normal en cualquier chaval de esa edad. A ver quien es el guapo que lanza la primera piedra. Estoy harto de verlo todos los fines de semana. Continua.

-De más adulto, el consumo se moderó. Tú lo sabes. Me dio por hacer deporte, tenía mi curro, mi familia etc., en definitiva, era bebedor social, como se suele decir, tenía mi vida ordenada. Solo consumía los fines de semana, y alguna cervecita ocasional entresemana. Todo bajo control.

– Eso es cierto, tuviste una época que no te ibas tan jodido de aquí. Había días que sí la preparabas, pero como todo el mundo. Yo no le di la menor importancia, había tíos que se iban de aquí veinte veces peor. ¿entonces donde estaba el problema?

– Ese fue el problema Luis, en normalizar una situación que dista mucho de tener el carácter de normal. Trátalo como si tienes un compañero de piso. Cuando éramos jóvenes venía para quedarse unos días y pasárnoslo de puta madre. Nos acostumbramos a él y le permitimos que su estancia se alargara- Aquí le tumbo su teoría de la mala racha. – ¿Sabes cómo termino el visitante? – Su silencio me insinúa que no tiene ni pajolera idea –.  Escúchame atento, ¡se terminó convirtiendo en un okupa! Yo ya no era el dueño de la casa, me habían quitado el sofá y el mando de la televisión. Yo ya no controlaba absolutamente nada, la droga era la que dirigía absolutamente todo, hasta que me vi enterrado en vida.

-Joder tío, me has dejado…no sé, no puedo explicarte lo que siento ahora. Yo pensaba que estas cosas pasan por algo y tiene que ser suceder algo muy jodido para acabar así.

-Mira Luis, cada persona es un mundo. Yo conozco gente con curros cojonudos, con una vida familiar, supuestamente, ideal. Es más, algún caso que llevaba todo esto en silencio. Sino fíjate en todos esos famosos o deportistas, parece que lo tienen todo. Es cierto que puede haber algo que derrumbe la presa definitivamente, pero que el dique hace aguas desde hace mucho tiempo es una evidencia. Por demolición o por exceso de humedad. Por ponerte otro ejemplo, el coche venía a toda velocidad y sin frenos, hecho un queso gruyere, sino era en esa curva sería en la siguiente, pero el siniestro estaba asegurado.

-Vale, te creo. Pero cuando te refieres a que el okupa se instaló en casa a que te refieres, ¿ya al final?

– No Luis, y esto lo vas a ver muy claro porque tu estuviste presente en muchas de estas situaciones. Cuando teníamos un evento, tipo final del mundial, festival de música, casa rural o similar, ¿Cómo lo preparábamos? No contestes, ya lo hago yo por ti. Pertrechándonos de alcohol, de porros, de perico, o de lo que cada uno consumiera. A mansalva. El partido, el concierto o el Dj en cuestión, era una excusa. Lo vital era estar bien provistos. Si no, ni se nos pasaba por la cabeza salir de casa. Sinceramente, no recuerdo acto social, celebración, reunión etc., en el que el alcohol no estuviera presente.        

-Espera, para un momento. Aquí si te doy la razón. Por ejemplo, cuando pongo un partido de futbol. Compro diez veces más de cervezas que un día normal, y raro es el día que no me quedo sin ella. Por no contar el trasiego que hay al baño, y dudo mucho que sea a liberar la vejiga. A muchos termino echándolos casi a patadas.

-Pues eso es Luis, cualquier plan se convertía en una coartada para ponernos como Las Grecas. Continuo, ¿o tienes alguna duda?

-Sigue, sigue, pero algo no me cuadra tío. Yo nunca te he visto meterte mierda alguna, y estas hablando de que eres adicto a las drogas, en cualquier caso, dirás al alcohol, ¿no?

-Tienes razón, yo nunca hice esas visitas al baño salvo para mis necesidades. Y también aciertas cuando he tratado el alcohol como droga. Me voy a extender un poco. Pero mientras que espero al Sebas te puedo dar algo de luz.

– ¿El Sebas?, otro artista. Con el curro que tiene y la novia que gasta, se agarra unas melopeas… De lunes a viernes curra como un cabrón, pero luego llega el fin de semana y se pone como un atún. En parte lo entiendo, estará hasta los mismísimos del trabajo, y los findes, que va a hacer el chaval, desconectar.

-Luis, tronco. Como antes te decía tratamos como normales situaciones que están a años luz de serlo. Es el típico patrón de adicto cíclico: estoy frustrado de la vida que llevo y el fin de semana busco mi dosis de felicidad. Y cuando hablas de que tiene un curro cojonudo. Aquí si que las drogas son solidarias. Les importa una mierda tu estatus familiar, social o laboral. Pero antes me preguntaste porque trato el alcohol como una droga. Con tu permiso.

-En primer lugar; es una sustancia que mata, por no decir que es la sustancia que más muertes provoca. De manera directa al propio consumidor, o indirectas por todos los daños colaterales que genera: accidentes de tráfico, robos, reyertas, violencia doméstica, etc.

-En segundo lugar, es muy adictiva. No hace falta que te descubra la facilidad para conseguirla y en consecuencia engancharse a ella, teniendo en cuenta que es legal y está muy arraigada socialmente.

-Ya tronco, pero la peña no hace nada malo al tomarse una birra, otra cosa es que venga un notas y se pinte una loncha de farlopa aquí delante. A ese sí que le muelo a palos y no entra más en mi casa.

Mientras pienso en cómo responderle, han llegado unos chavalitos y le están pegando a la tragaperras. Otra más para la lista.

-Luis, no seamos ingenuos, porque crees que el alcohol es legal. Porque no interesa, tío, abre los ojos. Yo entiendo que tengas un bar, pero el hecho de que su consumo este permitido no quita para que sea la sustancia más adictiva. Juega en la misma liga, mejor dicho, es el Madrid en la Champions.

-Ya salió el vikingo, ¿a que coño tienes que meter la coletilla?

– Lo del Madrid se lo dejo a cada uno, pero lo del alcohol no admite discusión alguna. No es algo que me haya inventado, sale de vez en cuando en los tebeos esos que tienes encima de la barra. A veces se equivocan y se les escapa algo verídico.

– A ver por donde me sales, que al final me vas a hacer creer que es culpa mía que la peña se mame y con tu discurso consigas que me chapen el garito.

-Tranquilo Luis, no pretendo ni una cosa ni otra. Yo no voy de cruzado por la vida con discurso alguno, sería como darme de cabezazos con esa pared. Te recuerdo que tú me has preguntado y yo te he contestado, partiendo de esa honestidad que pactamos antes de sentarnos aquí. ¿Y respecto de que te cierren el negocio?, tranquilo, antes ves a un político dimitiendo que ilegalizando el bebercio.

-No sé, según me lo pintas…a ver dime, que dato es ese.

-Te lo pinto como es, entra en alguna web de cualquier medio de información y lo lees: Se calcula que alrededor del 20% de la población de este país es alcohólica.

-No me lo creo. Yo no veo a la gente por ahí dando tumbos y hechos un Cristo. Aparte, de ser cierto, mi bar estaría vacío y la mayoría de la gente estaría como tú, rehabilitándose.

-Luis, tronquete, aquí viene el verdadero problema. Aunque no me guste la expresión, tratamos al adicto como el típico borracho o yonqui que sale en las películas del Tío Sam, durmiendo en un cajero o empujando un carrito lleno de botellas. La realidad no es esa, ¿sabes cuál es la realidad?, Que, nueve de cada diez no están en tratamiento.  Acojona ¿eh?

– No se tío, no termino de verlo. Por aquí pasa mucha gente y no siento que se le vaya de las manos como se te fue a ti, no consumen tanto como consumías tu.

– Luis macho, en lo que respecta a mí, es un hecho objetivo que no pienso negarte.  Pero donde marcamos la línea, ¿en contar los litros que ingerimos? ¿en esa alarma social que provocan los alcohólicos? No, ni esto es una competición para ver quien bebe más, ni a ver quién se da más hostias con el coche. De ser así sería muy sencillo determinar quien tiene una dependencia o no.

– Entonces, ¿Dónde se marca esa frontera que mencionas?

– Esta pregunta no me compete a mi contestarla. Primeramente, porque no tengo conocimientos para ello, y en segundo lugar porque faltaría al respeto a muchos profesionales como los que me están ayudando a mí.

– Joder, entonces me dejas igual. No se para que me dices nada.

-No te mosquees coño. Yo no tengo los conocimientos técnicos para solventar tu duda, solo te puedo hablar desde mi experiencia, de lo que he aprendido a base de hostias y de mi recuperación. Pero si me dejas te voy a dar una pista. Las drogas solo sirven con un propósito: LA UTILIZACIÓN.

Luis se queda pensativo, necesita rumiarlo- Voy al baño, ahora vuelvo.

-¡Pero cabrón, no me dejes así, joder!

FIN DEL PRIMER ACTO.

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