Donde Luis. Acta est fabula.

Retomamos la conversación de hace unos días. Cada protagonista a lo suyo. Uno acudiendo a la llamada de la naturaleza, el otro dando vueltas a todo lo escuchado hasta el momento:

A las adicciones no se llega por casualidad. La tragedia se empieza a escribir en esos primeros consumos. El alcohol es la peor de las sustancias por su facilidad para conseguirla y por la normalización con que convive en la sociedad. La mayoría de los alcohólicos no son conscientes de su condición. Y, por último, el termino utilización.

Prosigamos.

Mientras me levanto escucho voces. Creo que se ha reanudado la reconstrucción del país. Percibo la berrea. Mas democrático no puede ser, a puerta abierta y sin secretismos.

En un acto de heroicidad me adentro en el aseo. El Homo Erectus ha hecho acto de  presencia por segunda vez en el día. Sin liarme, un tigre en todas condiciones. -Luego dice el cabrón que le van a cerrar el local por mis discursos. -Mientras me lavo las manos me miro en el espejo y recapacito lo que voy a decirle a continuación. –No le pongas la cabeza como un bombo que al final el que se va a ir frustrado es el y no es plan de joderle el día a nadie, a nadie que no se lo merezca, claro.

Al salir me topo con El Comité de Expertos. Han dejado como último punto del día lo verdaderamente importante. El futbol. La discusión se centra en el árbitro designado para el clásico que se jugará en unas semanas. Se hace un estudio pormenorizado de los encuentros anteriores, lugar de nacimiento, etc. Los argumentos para tomar la decisión son varios, todos racionales, por supuesto. Pero hay que uno que impera sobre el resto, la madre del dueño del silbato. Por mayoría aplastante, de manera cívica y diplomática, se acuerda el veredicto. Este es anunciado mediante el uso de un tercio a hostia limpia contra la barra.  Nuevamente vence el método de combustión. Si el trencilla se columpia, comprobara que sucede al mezclar calor, combustible y oxígeno. Todo en orden.

Regreso con Luis a la terraza y le noto pensativo- Bien, bien, es lo que queríamos.

-Antes no te seguía tío, o yo soy muy tonto o me estas liando. ¿la utilización?

-Luis, de estar liado es por mi culpa, pero tranquilo, a ver si deshago el nudo. Como yo no soy capaz de explicártelo, te voy a poner el ejemplo que me ponía uno de mis terapeutas. A mí me encantan los macarrones con tomate, pero aun así no me como cinco platos. ¿ahora lo habrás pillado al vuelo?

-Tanto como al vuelo…el pichón aún sigue en el árbol y no lo veo ni con una mirilla telescópica. ¿Dónde quieres ir a parar?

Jeje, parece que se relaja. Ahora que lo pienso – ¿Dónde coño andará el Sebas? Fijo que acabo como una rata y no se puede ni menear.

-Luis, me voy a poner serio.

– ¿Más?

-Si, mas. Porque ha llegado la hora de aplicar al cien por cien algo muy importante que te mencione desde el principio. Evitar caer en el autoengaño. 

-Miedo me das.

-Miedo daban otras situaciones te lo puedo asegurar. Voy con ello.

– Como te decía antes, todo lo que giraba alrededor del consumo era simple atrezo, basta ya de mentirnos. Las drogas las usamos por algo, mejor dicho, para algo. Aquí le toca a cada uno cuestionárselo; ¿Para qué consumo?

-Ya tronco, pero tu llevas un año trabajando esto, entenderás que la gente no se haga esas preguntas.

-Claro que lo entiendo, no me las hacia ni yo estando bien jodido. Pero yo no he sido el que ha sacado la conversación. ¿Te suena el termino desinhibición? No me atrevo a hablar con esa chica o chico que me gusta sin cogerme el puntillo, no me rio igual, no soy igual de divertido, o soy el único pringao que no bebe.

-Ahora sí, cuando me lo pones fácil, tronco, me puedo meter en el personaje. ¿Pero que íbamos a hacer tío? Con un par de copitas nos liberábamos y podíamos con todo.

-Te lo compro, mejor dicho, te lo compraba. Con el flyer de entrada nos incluían dos consumiciones. Nos habían contado, habíamos oído… que bebiendo nos lo íbamos a pasar de puta madre. Toda esa vergüenza se iba a difuminar. Pero lo que no nos enseñaron fue la trastienda que da a un callejón oscuro, y a veces sin salida. Si no me drogo no me lo paso bien, no consigo llegar a esos momentos de felicidad, euforia, éxtasis, etc. De manera natural no somos capaces de alcanzar esas emociones. Necesitamos de una sustancia química que nos ayude. Yo sin beber paso de salir. No sabíamos gestionar el no ser aceptados, miedo al rechazo, al fracaso, falta de seguridad, indefensión. Pídeme una, voy a entrar a esa de los vaqueros rotos que está bien buena. Una copa después. Nada tronco, que la tía pasa, tiene novio y no quiere movidas. Me voy a tomar otra, esta pava no me jode a mí la noche.

-Nos negamos a ver la realidad tal como es, y nos retroalimentamos entre nosotros, nos camuflamos recíprocamente, todo el mundo hace lo mismo. Y aquí el alcohol juega con ventaja con respecto a otras drogas. Está bien visto.

Ahora que lo pienso. -Luis, ¿Cuántos paquetes de tabaco has vendido hoy?

-No sé, dos o tres. Ha bajado mucho, la peña ya no fuma.

-No te lo he preguntado para hacer un estudio de mercado, era de manera premeditada. ¿Dónde quiero llegar? Sin negar que el consumo de tabaco es nocivo, hagamos una comparación con el alcohol. El fumador es un proscrito. No fumes que te vas a morir. El alcohol alarga la vida, no te jode. No sé si te habrá sucedido, pero si tu hijo te ve con un piti te dice: papa no fumes que es malo. En cambio, si te ve con una cerveza…. Esa normalización esta instaurada hasta en la infancia. Como pretendemos que se comporten en su adolescencia si desde pequeñitos han convivido con esas situaciones. Que capacidad moral tendremos para sentirnos indignados cuando lleguen mamados si es lo que han mamado en su educación. Absolutamente ninguna.

No percibimos el riesgo, llevo toda la vida haciendo lo mismo y a mí eso no me va a suceder. El que decide no consumir es tratado como si tuviera la lepra. No me fio de los que no beben. Y si alguna vez se te pasa por la cabeza dejar de consumir te entra el miedo, miedo a no ser aceptado, a la soledad, una total dependencia al grupo, al rebaño. No somos conocedores de su carácter sigiloso e invisible. Lleva incorporado en nuestra vida muchos años, y en multitud de ocasiones muestra su verdadera cara pasado mucho tiempo.

Esto que te cuento es en un plano social. En la batalla diaria de cada uno, como gestionamos esos fracasos laborales, familiares o personales. Esas expectativas no logradas, ese auto perfeccionismo. En definitiva, que ocurre con esa frustración, como manejamos la derrota. Te lo diré; con nuestro colega de toda la vida. No sabemos hacerlo de otra manera. Si ha estado para las buenas va a estar para las malas. Que hijo de p…mi jefe, no va y le da el ascenso al pelota de su sobrino. Yo ya había hecho mis planes, hasta tenía mirado un apartamento en La Manga. Bueno, menos mal que es viernes, no hay nada que no arreglen unos pelotazos. ¿Te apuntas?

Luis se queda pensativo, absorbiendo toda esa información que le acabo de arrojar.

– Ya, niño, pero entenderás que haya peña que le guste beber. Mira, tengo yo ahí arriba una botella de ginebra que si le echo un poco de cardamomo y lo combino con una tónica rosa…

Acaba de abrir la caja de pandora, respiro antes de contestar- A ver Luis, esa película la he visto como ochenta veces, forma parte de la saga: yo controlo, la última y me piro, mañana no salgo, a partir del finde que viene no bebo, o, la muy curiosa, que te juegas a que si me lo propongo hoy salgo sin beber; como si fuera un desafió extremo, alcanzar la montaña del K2.  Por supuesto, todas ellas con menos fuerza que la casera que tienes en el altillo.

Ya no hay quien me pare, he cogido carrerilla.

-La ginebra marca tal, que me dices que esta cojonuda, seguramente traiga la leyenda que la consumía la Reina de Inglaterra y se fabricó en una abadía de monjes en el Siglo V a.C. Aparte, es un gran digestivo. Es más, cuando estas jodido del estómago la OMS la recomienda. A su vez es multi producto, lo mismo vale para preparar un buen combinado como para limpiar la barra del bar después de su consumo. Lo dicho, por prescripción médica.

-O el vodka marca cual, deleitado por la Dinastía Romanov en la época de los zares de Rusia. ¡Los cojones los zares de Rusia!, lo único cierto es que viene de más allá del telón de acero. Con ese brebaje alimentaban el núcleo en alguna central nuclear de la extinta Unión Soviética.

Luis se retuerce en su silla, desde su incomodidad intenta pararme- Vale, ya está bien, ya he pillado por donde vas.

-Lo siento Luis, no es por ti. Es que esas milongas me las he contado muchas veces. Como si llegado el momento solo había Cruzcampo, nos daba igual. Tengo un máster de Harvard en mentirme. No consumimos porque nos guste, consumimos por necesidad, por los efectos. ¿Tú te crees que, si yo hubiera negado a mi amigo el acceso a mi casa, hubiera gestionado los conflictos o fracasos de esa manera? Por supuesto que no. Cuando las cosas van bien, alcohol, cuando van mal, más alcohol. Utilización pura y dura.

-Vale, tranqui. Entiendo que es un tema importante para ti por el que has sufrido mucho, relájate.

-Perdona Luis, colega, como te decía, de esas excusas estuve yo viviendo, mejor dicho, sobreviviendo, mucho tiempo, y hay veces que me creo que estoy con mis compañeros de terapia y suelto todo lo que llevo.

Luis apaga el piti y se le dirige a la barra, los pensionistas reclaman su presencia, toca repostaje. – Voy a atender a esos caballeros, ahora vuelvo.

Mientras, reflexiono lo que acabo de decirle. Menos mal que mis psicólogas no me ven, sino suspenso en asertividad.

En este intervalo, una parejita se sienta en la mesa del al lado y el chaval aprovecha la ausencia del hostelero para quemar una china.

Cuando Luis vuelve, le noto con un aura distinta- Niño, entiendo lo que sientes, pero no puedes tratar a todo el que consume como dependiente de las sustancias.

-Claro que no, colega, no insinúo eso en ningún momento, faltaría más. Aparte, como te dije antes, yo soy nadie para determinarlo, pero hay muchas señales que indican que algo no va bien, por llamarlo de una manera.

– Dame luz, como tú dices.

– Mira macho, mis limitaciones me impiden darte una explicación clara y racional, si no te importa me voy a apoyar en mi terapeuta.

– ¿El de los macarrones?

-Jeje, no, otro. El del Atleti.

-Buen tipo entonces- señala Luis.

-Si, la verdad que sí. Un tío que nos da mil vueltas en muchos aspectos. Cuando yo voy, él ha vuelto treinta veces. Como treinta son los inviernos que lleva sin consumir. Como treinta son las primaveras que lleva ayudando a gente como yo a salir del fango.

-Esto me interesa, ¿y que os dice el colchonero?

Hago memoria, a ver si me voy a tirar un triple y meto la gamba. – Vale lo tengo. Hay tres tipos de alcohólicos: Los alcohólicos por falta de abstinencia, los alcohólicos por falta de contención, y, en tercer lugar, un grupo que aúna las anteriores.

La primera es aquel alcohólico que siente la necesidad de beber a diario. La segunda, el que cuando empieza a consumir no puede parar. Y la tercera cuando se suman ambas. Yo me encuadro en la tercera, ¿Dónde se encuentra el resto de los consumidores, mayoritariamente los que supuestamente no tienen una adicción? Es evidente, en la segunda.

Noto que a Luis no termina de convencerle la clasificación.Ya, pero aquí viene gente que no consume entresemana y no considero que sean alcohólicos.

-Luis, esto no lo digo yo, lo dice un tío que tiene sus atributos pelados de tratar este tema. De ver cantidad de gente pasar por sus terapias. Gente como yo que nos empeñábamos en negar la verdad. ¿sabes el aporte a este tema que hizo el Sr Templanza?

Me observa extrañado – ¿el Sr Templanza?

-Si, un compañero mío. El caso, hay un nexo común entre esos tres grupos, muy sencillo de percibir: La pérdida de control. ¿A ti te parece normal que de lunes a viernes lleve una vida monacal y el fin de semana me beba hasta el agua de los floreros?

-No, sinceramente- Afirma Luis.

-Pues si no es adicto, comprando tu expresión, tiene un problemilla, y sinceramente, habría que empezar a mirárselo.

Luis parece triste, eleva su mira al cielo y vuelve a encenderse otro Marlboro. -Si, la verdad que normal, lo que se diga normal, no es. Hay que tener cuidado con los vicios.

Otra que me sé de memoria, el típico prejuicio y estigma. – Luis, el adicto no es ni un vicioso, ni un bala perdida, ni mucho menos lo que le ha sucedido es porque se lo merecía. No. Es un enfermo.

– ¿Un enfermo?, enfermo es el que esta jodido en un hospital.

Sin decirle nada, voy a tirar nuevamente de mi terapeuta, el del Atleti.

-Entiendo que sabes lo que es la diabetes. Pues esto, salvando las distancias, es similar. Tiene sus síntomas, su diagnóstico, y su tratamiento. Los daños pueden ser a varios niveles: Físicos; tanto el que se ve de puertas para fuera, como el interior; órganos, niveles de analítica, ansiedades, trastornos del sueño etc. Aquí entra la labor de la medicina. Los hay sociales, como las marginaciones, ámbitos familiares desestructurados, etc.

– ¿Y los mentales?, me señala Luis pensando que me había olvidado.

-Los he dejado para al final a propósito, la madre del cordero. El principal daño es a nivel psicológico. La adicción es sobre todo una enfermedad mental, y por ende el gran trabajo de recuperación se centra en el tema psicológico.

– ¿Ir al loquero? Salta Luis.

-No me seas paleto, joder. La recuperación no consiste solo en dejar de consumir, sino en aprender a gestionar todos esos conflictos, polaridades, miedos y emociones que no sabemos manejar. De ahí que los tratamientos sean tan largos. Piensa que estamos tratando carencias de mucho tiempo, inclusive muchas anteriores al consumo, que traemos de fabrica en nuestra personalidad. La gente no tendría necesidad de consumir esa mierda si no tuviera esa falla emocional.

-Coño, como mi suegra, lleva en depresión diez años y va un psicólogo de esos.

-Claro colega. No todo el mundo que es incapaz de manejar el aspecto emocional esta predestinado a una adicción, pero si puede caer en otro tipo de enfermedad mental. Como tu suegra.

-Joder, suena duro todo esto que dices, pero sinceramente, tú has sido de los peores, cuando cuentes esto la gente no te va a comprar el discurso.

-Tronco, cuantas veces tengo que repetírtelo. Ni mis compañeros ni yo vendemos nada a nadie. No vamos por ahí ordenando a la peña que deje de beber. Si en algo somos ejemplo es de cómo no hacer las cosas. No es que fuéramos de los peores, éramos los peores. De ahí que hablemos con conocimiento de causa. ¿Qué es preferible ser mejor que los peores o igual que los mejores? Contamos nuestra experiencia para que la gente simplemente se pare un minuto a mirarse por dentro, luego cada uno que saque sus propias conclusiones. Como manejamos la vida, porque minimizamos actividades de riesgo, porque blanqueamos y normalizamos ciertos comportamientos. Como te he contado las consecuencias son gravísimas, y en algunos casos irreversibles.

En esto, la banda de Washington vuelve a hacer acto de presencia. Lo sospechaba. Ahora que lo pienso, el cantante de Nirvana era adicto. Tenía pasta, fama. Todo lo que se puede querer.

 -Soy Sebas. Joder tronco, estoy fatídico, me ha pasado un tráiler por encima. Intente despejarme con una ducha, pero ni con esas. Me voy a enchufar un Paracetamol y al sobre otra vez. Lo siento tío, te debo una.

Más sabe el diablo por viejo…-Luis, tío, te voy a dejar, este pollo me ha dado plantón y tengo cosas que hacer. Dime que te debo.

-No te preocupes, niño. En breve llegaran las primeras bandadas de obreros y tengo que ayudar a la Mari en la cocina. Al café invita la casa. Espero verte por aquí más veces, ¿o eso ya queda fuera de tus planes? Si me paro a pensarlo tiene que ser jodido no poder tomarse ni una birra.

– ¿No estoy aquí?

– Si, sí, pero sin beber.

– ¿Sin beber que?, ¿ejerces el derecho de admisión si no se consume alcohol?

La callada por respuesta, voy a desbrozarle mi condición.

-Yo no QUIERO consumir por varios motivos. Como te he comentado, el hecho de consumir parte de una necesidad, si yo consumiera sería para un fin, no porque me guste hacerlo. Partiendo de lo anterior; a día de hoy me siento super feliz, el simple hecho de no depender de las sustancias me hace ver la vida de otra manera y no estoy dispuesto a renunciar a ella. Ni por todas las cervezas del mundo, ni, incluso, por todo el oro del mundo. Estoy aprendiendo a gestionar esos conflictos, miedos y emociones, sin la bebida. El alcohol no entra en la ecuación.  No te parece curioso que veamos anormal que alguien no consuma alcohol. Lo lógico sería pensar lo contrario, digo yo, vamos. Si para alcanzar, o gestionar, ciertos estados emocionales necesitamos de las sustancias, cuestiónate, ¿Quién se siente libre para decidir?

-Espera, espera, que no he acabado. En cuanto a lo que verdaderamente te preocupa. ¿Si voy a venir a gastarme la pasta a tu bar? Hoy en día no tengo problema en compartir espacio con personas que estén consumiendo. Mi recuperación se asienta en una reinserción en la que pueda vivir sin que las drogas formen parte de esa vida. Pero claro, tenemos que ser conscientes de la sociedad que nos rodea. No te voy a descubrir la pólvora, una sociedad en la que el alcohol esta presenta en casi la totalidad de las situaciones cotidianas. Si mi recuperación se basara en ir con los ojos cerrados, con la cabeza gacha, con una contención diaria al más mínimo atisbo de un consumo de alcohol, mejor pido asilo político en Irán.

 -Una situación con alcohol es como ahora, hay gente consumiendo, pero de manera moderada, como les gusta vendernos. Situación alcoholizada es la que, por ejemplo, vives tú cinco de cada cuatro fines de semanas. Ahora te hago la pregunta yo a ti. ¿Cómo ves los toros desde la barrera, o, mejor dicho, desde la barra, cuando la cosa se empieza a ir de las manos?

-Déjame pensar. Te lo describo: Gente dando voces, uno que se tropieza y tira una silla, el que se le cae el vaso, el que te repite cuarenta veces la misma anécdota. Por no hablar del brasas que intenta entrar a una tía y no es consciente del ridículo que está haciendo. Insultos, peleas, alguno que se pira sin pagar, gente desmayada, vomitando, el que coge el coche en unas condiciones paupérrimas, etc.

-Lo habitual, Luis. Eso es lo que las drogas hacen con nosotros, deshumanizarnos. ¿Sabes lo que es la dignidad?

-Me hago una idea.

-Mientras piensas voy a añadir algo más a tu lista. Mientes, manipulas, robas. Harías lo que fuera necesario para conseguir tu dosis. En esos nos convierten las drogas, en eso me convertí yo. En alguien totalmente indigno, desprovisto de cualquier tipo de valores, lo más alejado a lo que se pueda considerar al termino persona. ¿Y sabes donde empecé a perder yo mi dignidad? En ese primer botellín que abrí.

– ¡No te hagas más sangre, hombre!

-Tranquilo, tío. Las heridas me las hice hace tiempo. Ahora muestro mis cicatrices con orgullo. No me avergüenzo. Desde hace un tiempo no me engaño a mí mismo, ya no me genera dolor. Yo no pinto nada en situaciones como las que antes has descrito. Podrías pensar que desde la visión de alguien que esta sobrio, incluso, hasta sería cómico. Todo lo contrario. Yo sé lo que es no ser dueño de tus actos, no saber dónde estás, perder todas las facultades. Como te decía antes, he sido el peor de todos. Lo que me genera es tristeza, lastima, pena y rechazo. Rechazo a una situación en la que no somos consciente que poco a poco nos vamos aniquilando. Desgraciadamente yo he sido protagonista en muchas de esas películas, por eso no voy a para formar parte del elenco. Cuando el plan tenga un fondo de utilización, una excusa para agarrarnos la mundial, cuando el hecho de quedar este asociado a consumir, al menda no le va a ver el poco pelo que tiene. Para lo demás, tienen mi teléfono.

-Joder niño, muy duro todo. Tienes para escribir un libro. Me alegro de verte bien, le has echado muchos cojones

-Si Luis, tengo para una enciclopedia, pero el contarte mis fechorías solo generaría morbo. En cuanto a echarle bemoles, he aprendido que las batallas de la vida no se ganan por tus santos reales. ¿me puedo subir yo al ring a enfrentarme a Tyson por cojones?

– ¿Otra vez Tyson, a que viene esto ahora?

-Cosas mías. Pues eso, las batallas interiores de cada uno, que son las importantes, se ganan con muchas cosas, pero no yendo como un Miura una y otra vez contra el burladero. Antes te hable de honestidad, apunta dos más, humildad e inteligencia. Trabajando así llegaremos a la aceptación. Aceptar nuestras limitaciones, el fracaso, y desde ahí crecer. Dale una vuelta.

-Se la daré.

-Bueno Luis, me piro, ya nos veremos, y adecenta esto un poquito, coño. No te vendría mal limpiar los baños con esas ginebras y vodkas tan cojonudos que tienes.

De fondo, resuena en eco- ¡Vete a tomar por c…!

Salgo del bar, me encamino al coche dándole vueltas a un tema- Será cabrón el Luis este, no va y me dice que me invita al zumo cuando he dejado aquí pasta como para comprar veinte exprimidores.

De repente oigo voces y no es el grupo de jubilados. Luis se acerca corriendo, lo mismo se ha arrepentido de invitarme. – Joder tío, desde que hemos empezado a hablar llevaba ahí dentro una cosa…lo mismo tú me puedes ayudar.

-Si es pasta has preguntado en el lugar equivocado.

-No, coño. Mira, sabes que tengo un chaval. Últimamente los fines de semana vuelve a casa un poco perjudicado. Yo no le daba mayor importancia. Hasta hace un rato veía normal que de vez en cuando se agarre un pedo, se fume algún porrillo… pero con lo que me has contado…me surge una duda. ¿Qué se puede hacer para no caer en una adicción?

Ahora sí, mis psicólogas se pueden sentir orgullosas, total sensación de seguridad.

-Luis, como decía aquel, me alegro que me haga usted esa pregunta.

-Venga, hostias, no me vaciles, que me has dejado preocupado.

-Luis, en vez de preocuparte ocúpate. Habla con tu hijo y repítele uno de los mandamientos de la vida, ser honesto consigo mismo. Estamos acostumbrados a excusarnos, a negar la evidencia. Nuestro ego, nuestra prepotencia, nuestra soberbia, nuestros miedos, no nos permiten ver la realidad como es. La vemos como nosotros queremos, difuminada. Vivimos instalados en la justificación y en la negación. Luego vendrá el tío del mazo y los milagros no existen. No va a aparecer vendedor de crecepelo alguno a dispensarte un jarabe para desintoxicarte. Ni ningún chaman de la Tierra del Fuego a darte una pastillita para que puedas consumir a tu gusto y paliar los efectos. Para algunos fue tarde, para otros demasiado, para los restantes…

Como veo que no dice nada, prosigo -Como te dije antes de salir, nadie tiene la bola de cristal para averiguar que quien consume va a caer en una adicción. Pero si te puedo decir una cosa. Solo existe una manera de no verse arrastrado. NO ABRIENDO LAS PUERTAS A LAS SUSTANCIAS. Las únicas personas que van a estar libres de este peligro son las que no consumen. El resto, ¿estamos dispuestos a comprobar si nos toca la bala alojada en el tambor de la pistola?

Ahora sí, después de un buen rato, alguna fibra se ha movido.

-Gracias tío, no me esperaba hoy esta charla, me pararé un minutillo a reflexionar.

-Gracias a ti Luis. Al igual que tú no te esperabas esta charla, yo tampoco voy pregonando el evangelio casa por casa como un mártir. Todo esto me nace desde el sentimiento y la racionalidad. Antes hemos hablado del fracaso. Seguramente sientas que yo fracaso cada vez que explico estas cosas, que el mensaje está muerto antes de nacer. Hay que relativizar. Tú, me has escuchado. Para mí eso ya es una satisfacción, una victoria. Si nos enseñaran a perder ganaríamos siempre.

Mismo sitio, distinto lugar. ¿Dónde Siempre?

Nota: Después de leer esto, ¿aun sentimos la necesidad de subirnos al ring con Tyson? ¿De empuñar esa pistola? En cualquier caso, a mí me lo han contado.                      

“Si leyeras mis ideas pensarías que soy el hombre equivocado, pero entonces con un gesto haces luz»

Una respuesta a «Donde Luis. Acta est fabula.»

  1. Muy grande. Mucha verdad ahí dentro para el que quiera entender.

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